Mudarte de casa con niños: ¡una odisea!

Tras unas muchas semanas off, aquí vuelvo a la carga intentando poner un poco de orden en mis días. ¡Ya echaba de menos nuestro rinconcito!

A primeros de Octubre cambiamos de casa y aunque aún hay purulando por ahí unas cuantas cajas y el desorden típico de no haber encontrado el lugar para todas nuestras cosas, ya va pareciendo nuestro hogar.

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El motivo del cambio:  el espacio, que en un principio era el ideal, se fue llenando de chismes de los peques que han ido comiéndonos el terreno (algo normal, claro).

Llevo todo el verano pensando en la mudanza como algo que nunca iba a llegar, me daba mucha pena abandonar nuestro piso tras cinco años viviendo allí tantas y tantas cosas (los primeros pasos de Alejandro, nuestras infinitas reuniones con amigos, las Navidades con nuestro super  árbol blanco,…). Pero la cosa es que el día de cerrar esa puerta y abrir la siguiente, llegó!

Os cuento cómo hicimos para no morir en el intento, porque cambiar de casa con niños, con todos los muebles y sus contenidos requiere un mucho de organización y …. ¡dinero! Estuvimos planteándonos hacer la mudanza nosotros mismos por el tema económico, pero sin duda alguna, ahora una vez hecho todo os digo que MERECE muchísimo la pena contratar una empresa de mudanzas. Aún así tuvimos que hacer algunas tareas previas, especialmente porque yo que soy bastante previsora necesitaba sentir cierto control ante el caos que se avecinaba.

Lo primero es llamar a varias empresas de mudanzas para que te den presupuesto, varían poco pero varían, tanto en precio como en tipo de servicios, además de concretar con ellos la fecha del traslado (ojo con que os den el precio con el iva ya incluido, que luego te llevas sorpresas). Por ejemplo, no todas cuentan con plataforma elevadora o empaquetan (si necesitáis esto es fundamental que os lo incluyan). Nosotros contratamos el empaquetado y el transporte. ¡No os podéis imaginar con qué rapidez empaquetan todas tus cosas! En una mañana  recogieron toda la casa y después de comer ya estaban descargando en el piso nuevo. Te van poniendo los muebles donde tú le indicas y las cajas te las organizan por habitaciones (según contenido). En nuestro caso, no te instalaban ni lámparas ni cortinas, algo que tenéis que tener en cuenta, porque puedes encontrarte con una casa nueva repleta de cajas y a oscuras. Menos mal, que mi electricista favorito ya lo tenía previsto y las puso en un periquete.

Todo esto terminó sobre las siete de la tarde, y ya nos encontramos con una casa inundada de cajas por todas partes (no os exagero cuando os digo que llegaban hasta el techo las cajas del salón), que a penas dejaban pasar de un lado a otro.

¿Cómo hacer más fácil la tarea de adaptación al nuevo hogar? ¿cómo sobrevivir con los enanos en esta situación? Os quiero contar lo que yo hice y que creo que puede seros muy útil, ¡para mí lo fue!

  1. Prepara una caja de “supervivencia”: en una caja de estas de plástico con ruedas guardé pañales, toallitas, biberones, chupetes, potitos, leche, algunos vasos y platos de Alejandro, botella de agua, medicinas que se estaban tomando, los productos de higiene y aseo (gel, crema, cepillo de dientes,…), batidos, zumos y galletas, los juguetes o muñecos más queridos, papel higiénico y de cocina, gasas y baberos,… En definitiva todo lo que necesitas para los primeros días y que no tengas que andar rebuscando entre las miles de cajas.
  2. Hicimos las maletas: neceser, tres mudas de ropa para todos, zapatos, ropa interior, pijamas. Además, un juego de sábanas para cada cama y cuna, toallas de baño y tocador (esto es fundamental tenerlo a la mano), si hace frío tened a mano los edredones. En la maleta de Alejandro guardamos además, los cuentos que más le gustan y su amigo inseparable, el conejito “Betis”.
  3. “Caja de la tecnología”: ésta la hicimos nosotros con los ordenadores, tablets, y demás. Esta caja la llevamos nosotros mismos.
  4. El bolso de ese día, una buena mochila o bolso grande, en el que ir metiendo lo que necesitas a mano (cargador del móvil, cartera, gafas, llaves, botella de agua,…) y todo lo que recoges a última hora (llené una bolsa con juguetitos, que iban saliendo de debajo del sofá, camas, tras el mueble del salón,… ).
  5. El día anterior, llevamos toda la comida de un frigorífico a otro, aunque ese día comimos pollo asado, siempre está bien tener a lo que echar mano. Tened preparados vasos, platos y cubiertos de plástico (¡lo que faltaba era tener que ponerte a fregar!). Si el piso está vacío, os recomiendo que preparéis un par de sillas y mesita, productos de limpieza y todo el tema de luz (casquillos, bombillas,…), ya que el ratito que tardan en llevaros los muebles y cajas después de comer no vais a estar de pie y a oscuras, no?
  6. Los peques: es importante pensar qué hacemos con los peques el día de la mudanza. Alejandro después del cole se fue con mi tía y Adriana sí la vivió en directo (ya que entonces no se separaba de su teta). Ya a la tarde Alejandro llegó y, aunque estaba nerviosillo, vivió su primera noche con mucha ilusión.

Con respecto a cómo facilitarles a los peques este cambio, es fácil, sólo tenéis que intentar hacerles partícipes y mantener cierto orden (por ejemplo, la disposición del mobiliario, el orden de los juguetes,…). En nuestro caso Alejandro ha estado presente en la búsqueda del nuevo piso, le hemos ido anticipando que ya nos quedaban unos días para irnos de la casa (si lo enganchas con los temas cotidianos es más fácil) y venderle con mucho entusiasmo que va a tener un cuarto nuevo (además, de cama nueva que aún no ha llegado pero que pronto estrenará). Nos ha ayudado a empaquetar algunos de sus juguetes (guardó en cajas unos dos días antes, los juguetes que menos coge) y a hacer las maletas, con ello la adaptación ha sido muy fácil, aunque no os creáis ha estado algo tiquismiquis los primeros días. La primera noche durmió como un campeón en su nuevo cuarto (igual, podéis hacer que os ayude a hacer la cama, a poner sus muñecos,…). Lo importante, es trasmitirle seguridad, tranquilidad, dejarles participar para que ellos vivan de una forma natural este cambio (intentar que nuestro estrés propio de la situación no lo descarguemos en ellos).

Con la mudanza ya resuelta os digo que lo que hemos pagado ha merecido la pena, sin duda. El trabajo duro continúa después, porque estás un montón de días desembalando, limpiando, colocando,… por no deciros que aún tengo cortinas por poner, ningún cuadro colgado, cajas escondidas bajo la mesa,… me río y me lo tomo con filosofía, porque el ritmo con estos dos granujillas es el que ellos marcan.

Después de la mudanza, tuvimos el bautizo de Adriana y mi operación (sin importancia, aunque con necesidad de reposo), de ahí todo este tiempo fuera del sofá rosa. Poco a poco voy retomando con fuerza mis tareas diarias y, pronto, de nuevo a la carga en el trabajo, así que por aquí andaré todo lo que me dejen.

Muchos besitos y ¡hasta la próxima!

 

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